Siniestralidad vial mortal en Salta: Por qué el «error humano» es una verdad a medias
Cada año, las estadísticas de siniestralidad vial en la provincia nos enfrentan a una realidad dolorosa, cientos de vidas truncadas en calles, avenidas y rutas. Ante cada tragedia, la respuesta automatizada suele ser la misma, «fue una imprudencia”, «exceso de velocidad» o «conducía alcoholizado».
Si bien el factor humano existe, como profesionales de la movilidad y la infraestructura debemos hacernos una pregunta incómoda, ¿Es aceptable culpar únicamente al conductor cuando el sistema entero está diseñado para fallar?
La ingeniería de tránsito moderna y los modelos internacionales exitosos demuestran que el error humano es inevitable. Por lo tanto, el sistema (las rutas, las leyes y los controles) debe estar diseñado para absorber ese error, no para transformarlo en una sentencia de muerte.
En Salta, lamentablemente, convivimos con una falla sistémica que se sostiene sobre cuatro pilares críticos.
1. La obsolescencia geométrica de la infraestructura
El parque automotor y el flujo logístico de la región crecieron de forma exponencial, pero nuestras rutas siguen atrapadas en el siglo pasado.
- El caso de la Ruta Nacional 9/34 (Metán – Rosario de la Frontera): Técnicamente, es el ejemplo más claro de diseño colapsado. Una vía de un solo carril por sentido de circulación que concentra el transporte de carga pesada del Mercosur, con banquinas descalzadas y deformaciones estructurales, etc. Exigir que no haya siniestros en una ruta con estas características geométricas es ignorar las leyes de la física y el flujo vehicular.
- Falta de segregación urbana: En los accesos y rutas, conviven en la misma calzada camiones de gran porte, autos, motos de baja cilindrada y peatones. Sin una separación física de flujos, el impacto diferencial de masas hace que cualquier colisión sea fatal.
2. La epidemia de la micromovilidad sin protección
Las estadísticas reflejan que las motocicletas protagonizan la gran mayoría de los siniestros mortales. Aquí el problema es doble, la falta de vías exclusivas (motovías protegidas) y un bajísimo índice de uso de Equipo de Protección Personal homologado. Conducir una moto con tres o más ocupantes, o con cascos de cotillón que se parten ante el primer impacto, altera por completo la estabilidad de los vehículos y anula cualquier posibilidad de supervivencia.
3. Fiscalización estática vs. Control dinámico e inteligente
Salta cuenta con la normativa de Alcohol Cero (no sirve y ya explicamos el porque) una herramienta legislativa que pierde efectividad por fallas en su estrategia de aplicación.
- La fiscalización actual es mayoritariamente estática y predecible, lo que permite que los conductores evadan los puestos.
- Falta volcar los recursos a una fiscalización dinámica e inteligente, el objetivo del control debe ser interceptar el peligro en movimiento, no emitir una fotomulta estática cuando el riesgo ya pasó.
4. La raíz del problema: Un sistema que recauda pero no educa
Volviendo al eje central que siempre defiendo, no existe una política de educación vial transversal seria.
La obtención de la licencia de conducir en muchos sigue percibiéndose como un mero trámite administrativo y sobre todo recaudatorio, en lugar de una certificación estricta de aptitudes técnicas y cívicas. Un conductor que no comprende conceptos físicos básicos (como la energía cinética, la distancia de frenado en distintas condiciones y escenarios, o los puntos ciegos de un camión) es un peligro latente. Las campañas de concientización con eslóganes vacíos no reemplazan a la formación técnica institucionalizada.
Hacia una movilidad segura en Salta
Reducir la mortalidad en nuestras rutas no se logra con más carteles de «despacio», ni más sanciones, sino con decisiones políticas y técnicas firmes:
- Transformación de rutas en autovías/autopistas con separación física de sentidos.
- Auditorías técnicas de seguridad vial periódicas a fiscalizadores, la policía y los puntos negros en carreteras, intersecciones, etc.
- Rediseño de los exámenes de conducción, unificando criterios de exigencia para toda la nación, entre otros.
- Inversión en tecnología de control dinámico que priorice la prevención sobre la recaudación.
Los siniestros viales no son «accidentes»; son eventos predecibles y, por ende, evitables. Es hora de dejar de mirar al último eslabón de la cadena (el conductor) y empezar a diseñar un sistema vial que proteja la vida de todos los usuarios de la vía.

